lunes, 24 de noviembre de 2014

Criminal.




Él, era una cárcel de metáforas y huesos, de falta de calor y calado hasta los besos. Y ella, era como la flor que desafía al invierno, como una criminal al acecho. Resplandecía vida por cada costado que él sentía vacío y agrietado, -desechado-. Ella era la primavera bajando por su pecho y anidando en su esqueleto, como una espiral de pasión capaz de poder prender un bosque entero. Entonces, como la brisa que trae el alba una mañana de verano, sus barreras tan bien atrincheradas cayeron sin más liberándole del intenso dolor que le asfixiaba. Y como aquel baño de agua caliente cuando tienes el cuerpo entumecido, la vida le entra por los ojos cada mañana y sabe a ella.